En un escenario global convulso, donde las tensiones geopolíticas amenazan el suministro comercial y el cambio climático altera de forma imprevista las cosechas y las capturas pesqueras, la seguridad de las cadenas alimentarias se ha convertido en una prioridad de primer orden. La dependencia de materias primas procedentes de otros continentes —como la soja para la alimentación del ganado o la harina de pescado importada para la acuicultura— expone a España y a toda la Unión Europea a constantes vaivenes en el suministro y a precios cada vez más volátiles. Ante este desafío estructural surge Tebrio, una compañía biotecnológica española nacida para ofrecer una alternativa sostenible, circular e independiente a través de una fuente de proteína limpia para el ámbito agropecuario.
Fundada en Salamanca en 2014 por Adriana Casillas y Sabas de Diego, Tebrio irrumpió en el panorama biotecnológico con la visión pionera de criar e industrializar de forma sostenible el Tenebrio molitor, conocido comúnmente como el gusano de la harina. Lo que comenzó hace más de una década como un proyecto de innovación ha evolucionado hasta consolidarse como un referente internacional en la transformación biológica de materia orgánica y en el desarrollo de ingredientes de alto valor añadido, un reconocimiento que se vio respaldado institucionalmente al ser galardonada como Pyme del Año en España en 2025.
La actividad central de la compañía se apoya en un modelo de economía circular pura. A partir de derivados del sector cerealístico que no tienen valor en el mercado, Tebrio alimenta a sus colonias de insectos en instalaciones cerradas y automatizadas. Mediante este proceso, la empresa obtiene cuatro líneas principales de productos: harina de proteína de altísima calidad digestible para la nutrición animal (destinada a acuicultura, avicultura, porcino y mascotas), grasas funcionales ricas en ácidos grasos para alimentación animal, quitina y derivados destinados a aplicaciones industriales, y frass o abono orgánico bioestimulante que regenera la salud del suelo agrícola de manera natural.
Para escalar esta solución al nivel que exige el mercado internacional, la compañía ha dado un paso decisivo con su proyecto industrial: oFarm. En este 2026, la construcción de su primer módulo se ha hecho realidad, marcando el inicio operativo de lo que será la mayor planta de cría y transformación de insectos del mundo. Con una proyección total de más de 80.000 metros cuadrados, el complejo está diseñado bajo estándares estrictos de consumo energético nulo, desperdicio cero y recirculación de agua, optimizando cada fase del ciclo de vida del insecto mediante tecnología propia.
Este desarrollo industrial no solo supone un hito biotecnológico, sino también un potente motor socioeconómico para su entorno. A día de hoy, Tebrio cuenta con una plantilla de casi 70 empleados, una cifra que crecerá significativamente a medida que avance el despliegue del proyecto. Cuando la construcción de :oFarm esté totalmente concluida, la compañía prevé generar 150 puestos de trabajo directos y alrededor de 1.350 empleos indirectos, consolidando su impacto positivo en el tejido industrial local.
Más allá de su tracción económica, la propuesta de valor de Tebrio responde directamente a los grandes cuellos de botella del sector primario. La crisis climática ha intensificado los episodios extremos de sequía e inundación, reduciendo drásticamente el rendimiento de las tierras de cultivo tradicionales y erosionando la productividad del suelo. Paralelamente, los conflictos internacionales y las restricciones en las rutas marítimas mundiales han demostrado la extrema fragilidad de importar millones de toneladas de insumos básicos para alimentar a la cabaña ganadera y acuícola europea.
En este panorama de incertidumbre, producir ingredientes para piensos y fertilizantes de gran eficacia dentro del propio territorio europeo ya no es solo una oportunidad de negocio, sino una exigencia estratégica para la soberanía de la cadena de suministro. La proteína de insecto producida por Tebrio requiere hasta un 90 % menos de tierra y consume una fracción mínima del agua que demandan las fuentes tradicionales de proteína vegetal o marina. Además, el fertilizante orgánico procedente de las larvas permite reducir la dependencia de abonados químicos sintéticos, mitigando el impacto ambiental y devolviendo materia orgánica viva a los campos de cultivo.
Con más de diez años de trayectoria a sus espaldas, la evolución de Tebrio demuestra cómo la biotecnología aplicada a los recursos naturales puede transformar vulnerabilidades en fortalezas estratégicas para la región y para el conjunto del continente. La combinación de una trayectoria consolidada, la visión de sus fundadores y la realidad operativa de :oFarm posicionan a la compañía salmantina en el núcleo de la transición ecológica europea, demostrando que la respuesta a los desafíos de sostenibilidad y soberanía bien puede encontrarse en una solución tan eficiente como innovadora.
Fuente: La Gaceta
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