Últimos contenidos de Cría y Cultivo

Por qué el langostino blanco puede cultivarse lejos del mar, pero no en cualquier agua
 
Cría y Cultivo

3+ MIN

Por qué el langostino blanco puede cultivarse lejos del mar, pero no en cualquier agua  

El langostino blanco (Penaeus vannamei) se ha convertido en una de las especies más versátiles de la acuicultura mundial. Su tolerancia ambiental, crecimiento rápido y fuerte demanda comercial han permitido que su cultivo se expanda más allá de las zonas costeras tradicionales hacia sistemas interiores de baja salinidad, apoyados en aguas subterráneas, aguas reutilizadas o mezclas salinas artificiales.
  Esta expansión abre oportunidades productivas en regiones semiáridas o alejadas del litoral, reduce la presión sobre ecosistemas costeros y permite diseñar sistemas con mayor control sanitario.
  Pero también introduce una dificultad técnica que no siempre se entiende bien: cultivar langostino lejos del mar no consiste simplemente en usar agua con poca sal.
  La baja salinidad puede ser viable, pero solo si el agua mantiene una composición química compatible con la fisiología del animal.
  En sistemas interiores, el problema no suele ser únicamente la cantidad total de sales, sino el desequilibrio entre iones esenciales como sodio, potasio, magnesio y calcio. Cuando estas relaciones no están bien ajustadas, el langostino debe dedicar más energía a regular su equilibrio interno, lo que puede traducirse en menor crecimiento, peor conversión alimenticia, más estrés y mayor sensibilidad frente a patógenos.   ¿Dónde están los límites productivos ideales?
La evidencia científica, recogida en un estudio publicado en Critical Insights in Aquaculture muestra que el langostino tropical vannamei, puede mostrar resultados en salinidades moderadas especialmente entre 5 y 15 ppt, siempre que la composición iónica del agua sea adecuada. Algunos estudios sitúan incluso alrededor de 17 ppt una zona próxima al óptimo fisiológico.
  En salinidades muy bajas, especialmente entre 0 y 3 ppt, el langostino gasta más energía en osmorregular y dispone de menos energía para crecer. Si no se corrigen los iones del agua y no se adapta la dieta, aumentan el estrés, los problemas de muda, la peor conversión alimenticia y la vulnerabilidad sanitaria.
  Por eso, las dietas diseñadas para estos sistemas de baja salinidad no pueden ser simples adaptaciones de piensos convencionales. Deben considerar mayores demandas energéticas, minerales, ácidos grasos esenciales y nutrientes que ayuden a sostener a los langostinos.   ¿Cómo se gestionan los sistemas RAS, BioRAS o biofloc de baja salinidad?
En sistemas RAS, BioRAS o biofloc de baja salinidad, la gestión no depende solo de filtrar o renovar agua, sino de mantener estable la calidad del agua, el equilibrio iónico, la microbiota, la alimentación y la carga orgánica.
  En baja salinidad, producción, salud animal y agua forman un mismo sistema. Para que el langostino crezca bien, hay que evitar picos de amonio y nitrito, controlar la carga orgánica, ajustar la dieta y mantener una matriz mineral adecuada.
  En RAS y BioRAS es clave controlar la recirculación, la retirada de sólidos, la biofiltración, el pH y la mineralización del agua, corrigiendo elementos como potasio, magnesio, calcio y fósforo.
  En biofloc, la prioridad es mantener una comunidad microbiana activa que transforme el nitrógeno, estabilice el sistema y aporte alimento complementario. Fuente: misPeces

Rereferncia científica
Gouveia, R. P., Pereira, J. da S., Anjos, R. Q. dos & Evangelista-Barreto, N. S. (2026). Global trends in inland low-salinity farming of Penaeus vannamei: bibliometric insight into production systems, physiology, and nutrition. Critical Insights in Aquaculture, 2:1, 2662226. DOI: 10.1080/29932181.2026.2662226.

Cómo medir si una tilapia es resiliente (y por qué eso puede transformar tu negocio acuícola)
 
Cría y Cultivo

10+ MIN

Cómo medir si una tilapia es resiliente (y por qué eso puede transformar tu negocio acuícola)  

Son las seis de la mañana en un estanque de cultivo de tilapias sin aireación en el norte de Malasia. El sol apenas sale y el oxígeno disuelto en el agua ya está en niveles críticamente bajos, como ocurre cada noche en miles de granjas de tilapia de pequeños productores en el Sudeste Asiático, África y América Latina. Algunos peces llevan horas comiendo menos de lo normal, moviéndose menos, redistribuyendo su energía hacia la simple tarea de sobrevivir al estrés. Cuando el sol calienta el agua y el oxígeno sube, parte de esos peces retoman su crecimiento casi como si nada hubiera pasado. Otros nunca lo recuperan del todo.


¿Qué diferencia a unos peces de otros? Hasta hace poco, la respuesta honesta era: no lo sabíamos con suficiente precisión para aprovecharlo en un programa de selección genética. Ahora, un nuevo estudio publicado en Scientific Reports por investigadores de la Universidad de Wageningen, WorldFish y el BRIN de Indonesia propone una herramienta prometedora para cambiar eso: medir la resiliencia de cada pez a partir de la consistencia de su curva de crecimiento individual a lo largo del tiempo.

  Los peces resilientes crecen de forma más constante
Antes de entrar en los hallazgos, vale la pena entender el problema que el estudio busca resolver. En acuicultura, la resiliencia se define como la capacidad de un animal para sobrellevar perturbaciones ambientales —fluctuaciones de oxígeno, temperatura, estrés de manejo, patógenos— y volver a su condición previa lo antes posible.
  Un pez resiliente no necesariamente crece más rápido en condiciones ideales. Lo que lo distingue es que su crecimiento fluctúa menos cuando las condiciones empeoran. Piensa en dos trabajadores: uno que produce exactamente lo mismo cada semana, llueva o truene, y otro que en las buenas semanas produce mucho pero en las malas semanas casi nada. A largo plazo, la consistencia del primero puede ser más valiosa que los picos del segundo.
  El indicador que propone el estudio se denomina LnVar (varianza logarítmica de las desviaciones del peso esperado). Básicamente, mide cuánto se desvía el peso real de cada pez respecto de su trayectoria de crecimiento esperada a lo largo del tiempo. Cuanto más bajo esté el LnVar, más constante ha sido el crecimiento del pez y más resiliente se considera.
  El aporte clave de este nuevo trabajo es calcular esa trayectoria esperada de forma individualizada —ajustando una curva de crecimiento propia para cada pez— en lugar de compararla con el promedio del grupo, como hacían estudios anteriores. Esta diferencia, que parece técnica, tiene implicaciones prácticas importantes.   El experimento: dos estanques, una misma familia de tilapias, resultados muy distintos
El experimento se realizó en el Centro de Extensión Acuícola del Departamento de Pesca de Malasia, utilizando la cepa GIFT (Tilapia de Cultivo Genéticamente Mejorada), que es el estándar de referencia mundial en mejora genética de tilapia para crecimiento.
  Los investigadores distribuyeron 1.570 peces en dos estanques de condiciones equivalentes en todo, excepto en una variable clave: uno tenía aireación activa (rueda de paletas y sopladores para mantener oxígeno normóxico constante) y el otro no tenía aireación, generando las fluctuaciones diurnas naturales de oxígeno disuelto típicas de los sistemas de pequeños productores.
  Los peces fueron pesados individualmente cinco veces a lo largo de 217 días: al momento de siembra, a los 55, 104, 167 días, y al momento de cosecha. Con esos cinco registros de peso por pez se ajustó la curva de crecimiento individual y se calculó el LnVar de cada animal.
  Los resultados revelaron algo que tiene implicaciones directas para los programas de mejora genética:   En el estanque sin aireación, la heredabilidad del indicador de resiliencia LnVar individual fue de 0,28. Eso significa que el 28% de la variación observada entre peces en su consistencia de crecimiento tiene base genética —es decir, se transmite de padres a hijos. Este valor es suficientemente alto como para responder a la selección artificial.
  En el estanque con aireación, esa heredabilidad cayó a apenas 0,06. Prácticamente indetectable estadísticamente.
  La interpretación es intuitiva: cuando el ambiente es estable y controlado, casi todos los peces crecen de forma relativamente consistente y las diferencias genéticas en resiliencia no tienen oportunidad de expresarse. Cuando el ambiente es desafiante —con hipoxia recurrente, como en los estanques sin aireación típicos de pequeños productores— las diferencias genéticas entre peces resilientes y no resilientes se vuelven visibles y medibles.   Seleccionar para crecer rápido también mejora la resiliencia
Una de las preguntas más importantes que los investigadores querían responder era si la resiliencia y el crecimiento son rasgos que «se pelean» entre sí genéticamente, o si van de la mano. La lógica del conflicto tiene sentido intuitivo: si un pez destina energía a tolerar el estrés, ¿no le queda menos para crecer?
  Los datos del estudio sugieren que, al menos en la cepa GIFT después de casi 20 generaciones de selección para crecimiento, las correlaciones genéticas entre el indicador de resiliencia y el crecimiento son negativas y moderadas (-0,44 a -0,68 dependiendo del ambiente y de la variable de crecimiento medida). En este contexto, una correlación negativa entre LnVar y crecimiento es favorable: significa que seleccionar peces que crecen más rápido tiende también a producir peces con crecimiento más consistente (menor LnVar, mayor resiliencia).
  Dicho de otra manera: en la cepa GIFT, décadas de selección para crecimiento han aparentemente ido acompañadas de una mejora indirecta en la resiliencia. No es que resiliencia y crecimiento sean lo mismo, pero parecen compartir genes que los llevan en la misma dirección.
  Esta es una buena noticia para los productores que trabajan con líneas mejoradas: el trabajo de selección que ya se está haciendo probablemente esté construyendo también una base genética de mayor tolerancia al estrés ambiental.   La complicación: el gen que funciona en un ambiente no funciona igual en el otro
Aquí el estudio entrega un mensaje más complejo y más importante para quienes diseñan programas de mejora genética. Los investigadores estimaron la correlación genética entre el mismo rasgo (LnVar) medido en los dos ambientes diferentes (estanque aireado vs. no aireado). Esta correlación fue de 0,50.
  ¿Qué significa ese número? En términos prácticos, una correlación genética de 1,0 entre dos ambientes significaría que exactamente los mismos genes que hacen resiliente a un pez en condiciones controladas lo hacen también resiliente en condiciones desafiantes. Una correlación de 0 significaría que son genéticamente rasgos completamente distintos. Un valor de 0,50 indica que hay una interacción genotipo-ambiente (GxE) sustancial: los mejores peces en un ambiente no son necesariamente los mejores en el otro.
  Para los programas de mejora genética, esto tiene una implicación directa: seleccionar tilapias para resiliencia en un núcleo de cría con aireación no garantizará que esa mejora se traslade completamente a los estanques sin aireación de los pequeños productores. Los ganadores genéticos en condiciones de laboratorio no siempre son los campeones en las condiciones reales del campo.
  La solución que propone el estudio es incorporar en los programas de selección registros de parientes que estén produciendo en ambientes sin aireación (el entorno más común para los pequeños productores en países en desarrollo). Al combinar los datos del núcleo controlado con información de primos o medio-hermanos en condiciones desafiantes, se puede mejorar la precisión de la selección y asegurar que los avances genéticos se traduzcan en beneficios reales en campo.
  Es la diferencia entre diseñar un auto en un túnel de viento perfecto sin probar cómo funciona en carreteras reales con baches, lluvia y polvo.   Por qué medir con la curva individual importa más de lo que parece
El estudio introduce una distinción técnica que merece un momento de atención porque tiene consecuencias prácticas concretas. El método anterior para calcular LnVar comparaba el peso de cada pez con el promedio del grupo (LnVar de cohorte). El nuevo método calcula LnVar comparando el peso de cada pez con su propia curva de crecimiento esperada ajustada individualmente.
  ¿Por qué importa esta diferencia? Imagina un estanque donde, durante dos semanas, hay una infestación de parásitos o una caída de temperatura que afecta a todos los peces por igual. Con el método de cohorte, si todos los peces reducen su crecimiento al mismo tiempo, ninguno «parece» desviarse del promedio del grupo. El evento estresante queda invisible en el indicador porque todo el grupo se movió juntos.
  Con el método individual, ese evento sí se detecta: el peso real de cada pez cae por debajo de lo que su propia trayectoria de crecimiento predecía, y esa desviación queda registrada en el LnVar individual.
  En términos técnicos, la heredabilidad del indicador individual (0,28 en el estanque sin aireación) fue más del doble que la del indicador de cohorte (0,12 en el mismo estanque). Eso significa que el método individual captura más variación genética genuina y, por tanto, es más útil para programas de selección.   Lo que viene: el papel del fenotipado automatizado
Hay una limitación práctica importante que el propio estudio reconoce: calcular el LnVar individual requiere pesar cada pez individualmente en múltiples momentos durante el ciclo de producción. En la práctica comercial actual, eso implica capturar, sedar y pesar a mano a cientos o miles de peces varias veces en el ciclo. Es costoso, estresante para los animales y logísticamente complejo.
  Sin embargo, los autores del estudio señalan que esto está cambiando. El fenotipado automatizado —el uso de cámaras, inteligencia artificial y sistemas de visión computacional para estimar el peso de los peces sin manipularlos— está avanzando rápidamente en acuicultura. Ya existe tecnología funcionando en salmón, tilapia, bagre, dorada y otras especies. Un sistema automatizado que pese o estime el peso de los peces de forma no invasiva varias veces durante el ciclo productivo podría hacer que el cálculo de LnVar sea rutinario y económicamente viable a escala comercial.
  El futuro que describe el estudio es uno donde los programas de mejora genética incluyen la resiliencia —medida con LnVar individual— como un rasgo de selección estándar, no solo el crecimiento o la supervivencia. Y donde los pequeños productores de tilapia que trabajan sin aireación en Nigeria, Bangladesh, Perú o Indonesia se benefician de líneas genéticas que no solo crecen bien en condiciones controladas, sino que también mantienen su crecimiento cuando el oxígeno baja a las tres de la mañana y el estrés ambiental llega sin avisar.   De vuelta al estanque de Malasia
Volvemos a ese estanque sin aireación al amanecer. Los peces que la ciencia ahora puede identificar —los que crecen de forma más constante a pesar de las fluctuaciones de oxígeno, los que no sacrifican semanas enteras de crecimiento cada vez que el ambiente se complica— son exactamente los que necesitan los pequeños productores de tilapia en el mundo en desarrollo.
  Lo que este estudio ofrece no es una solución lista para usar mañana. Es algo quizás más valioso: una prueba de concepto robusta de que la resiliencia en tilapia tiene una base genética real, medible y lo suficientemente heredable como para responder a la selección. Los mismos genes que hacen crecer rápido a un pez en la cepa GIFT también tienden a hacerlo más consistente. Y que el camino para llevar esa mejora a los estanques sin aireación pasa por incluir información de esos entornos desafiantes en los programas de selección, no solo ignorarlos porque son difíciles de controlar.
  Para los piscicultores, esto se traduce en una pregunta concreta que valdría la pena hacerles a quienes les proveen alevines: ¿Sus líneas genéticas fueron seleccionadas solo bajo condiciones controladas, o también bajo condiciones que se parecen a las de mi granja? Fuente: AQUAHOY

Descubren en tilapia un mecanismo genético inédito que convierte un gen femenino en el regulador del sexo masculino
 
Cría y Cultivo

3+ MIN

Descubren en tilapia un mecanismo genético inédito que convierte un gen femenino en el regulador del sexo masculino  

Un equipo internacional integrado por investigadores de Temasek Life Sciences Laboratory (Singapur), el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), la Universidad de Konstanz y la Universidad de Würzburg ha descubierto en la tilapia de Mozambique (Oreochromis mossambicus) un mecanismo genético poco común: un gen originalmente asociado a la formación de los ovarios ha evolucionado hasta convertirse en el principal regulador del desarrollo masculino.
  La investigación, publicada en Science Advances, señala al gen figlaY como el encargado de activar el desarrollo masculino en esta especie. Lo llamativo es que este gen procede de una versión modificada de figla, un gen que normalmente participa en la formación de los ovarios y en el desarrollo de las hembras.
  En otras palabras, un gen asociado al desarrollo femenino ha evolucionado para desempeñar la función opuesta: impedir la formación de ovarios y favorecer la aparición de testículos. Según los investigadores, este mecanismo no se había observado antes en vertebrados.
  Este descubrimiento también podría tener interés para la acuicultura. Conocer mejor cómo se determina el sexo en los peces puede ayudar en el futuro a desarrollar métodos más precisos para controlar este proceso.
  En especies como la tilapia, los machos suelen crecer más rápido y de forma más uniforme, por lo que obtener poblaciones formadas principalmente por machos puede resultar beneficioso para la producción.
  Aunque todavía se necesita más investigación antes de cualquier aplicación práctica, el estudio aporta nuevos conocimientos sobre cómo se regula el sexo en los peces.
  El hallazgo también pone de manifiesto la extraordinaria plasticidad de los sistemas de determinación sexual en peces, donde los genes responsables de decidir si un individuo se desarrolla como macho o hembra pueden cambiar de forma rápida y seguir rutas evolutivas muy diferentes.   CRISPR confirma su papel esencial
Los investigadores llegaron a identificar la función de figlaY combinando análisis genómicos, estudios de expresión génica y experimentos de edición genética. Primero observaron que este gen estaba presente únicamente en el cromosoma Y y que se activaba en etapas tempranas del desarrollo gonadal, justo cuando se decide si el individuo seguirá la vía masculina o femenina.
  A continuación, reconstruyeron su origen evolutivo y comprobaron que procedía de una copia modificada del gen femenino figla. Los análisis indicaron que la nueva versión había adquirido cambios estructurales y regulatorios que le permitían desempeñar una función distinta a la del gen ancestral.
  La prueba definitiva llegó mediante la tecnología CRISPR-Cas9. Al inactivar figlaY en individuos genéticamente machos (XY), los investigadores comprobaron que estos peces desarrollaban ovarios normales y se transformaban fenotípicamente en hembras. Por el contrario, cuando el gen permanecía activo, el desarrollo masculino se producía con normalidad. Estos resultados demostraron que figlaY es el regulador clave que desencadena la formación de machos en la tilapia de Mozambique.
  El estudio también reveló que los transposones, conocidos como 'genes saltadores', desempeñaron un papel fundamental en el origen de figlaY. Estos elementos móviles participaron en la duplicación, modificación y reorganización reguladora que permitió la aparición del nuevo gen y contribuyeron a controlar su patrón de expresión durante el desarrollo sexual. Fuente: misPeces Referencia
Wang, L., Sun, F., Yang, Z., Lee, M., Wong, J., Yeo, S., Wen, Y., Meyer, A., Piferrer, F., Schartl, M. y Yue, G.H. (2026). Transposons drove the evolution of a male sex-determining gene from a female gene with deep introgression across cichlids. Science Advances, 12(23), eaed6242

El Instituto IMarPe de Perú publica una investigación sobre el uso de probióticos en la mejora de la supervivencia del langostino blanco
 
Cría y Cultivo

4+ MIN

El Instituto IMarPe de Perú publica una investigación sobre el uso de probióticos en la mejora de la supervivencia del langostino blanco  

El Instituto del Mar del Perú (IMarPe) informó hace pocos días de que un grupo de sus investigadores de la sede desconcentrada de Tumbes ha desarrollado un estudio que demuestra el efecto positivo de microorganismos con potencial probiótico combinados con compuestos orgánicos para mejorar la supervivencia del langostino blanco (Penaeus vannamei) frente a infecciones bacterianas.
  Estas infecciones son causadas por una de las principales amenazas para la acuicultura: el Vibrio parahaemolyticus, agente asociado a la enfermedad de la necrosis hepatopancreática aguda (AHPND, por sus siglas en inglés).
  La investigación identificó cepas bacterianas nativas capaces de inhibir el crecimiento de bacterias patógenas mediante la producción de compuestos antimicrobianos naturales. Entre ellas, destacó la cepa denominada '45', que mostró resultados favorables al incrementar la supervivencia de los langostinos en condiciones experimentales.
  A su vez, el estudio evidenció que la combinación de esta cepa probiótica con el compuesto orgánico ProtAcid permitió alcanzar hasta un 78 % de supervivencia en los organismos evaluados, superando significativamente los resultados obtenidos en otros tratamientos.   Uso indiscriminado de antibióticos
La investigación fue dada a conocer en el artículo del Boletín del Instituto del Mar del Perú Efecto sinérgico de microorganismos con potencial probiótico y compuestos orgánicos sobre el crecimiento y la supervivencia del langostino Penaeus vannamei.
  Los autores del estudio son Katherine Saavedra, Beder Ramírez y Mervin Guevara, todos integrantes del plantel de la sede desconcentrada de Tumbes del IMarPe.
  De acuerdo con los investigadores, sus hallazgos representan una alternativa prometedora al uso indiscriminado de antibióticos en la acuicultura, contribuyendo a reducir los riesgos asociados a la resistencia antimicrobiana y promoviendo prácticas más sostenibles y amigables con el ambiente. El estudio, aseguran, fortalece el aporte científico del IMarPe al desarrollo sostenible de la acuicultura nacional.   Búsqueda de nuevas alternativas
Los investigadores resaltan que la actividad langostinera frecuentemente se ha visto enfrentada por numerosas enfermedades bacterianas, entre ellas la causada por cepas de Vibrio parahaemolyticus, portadoras de los genes de las toxinas pirA y pirB (VpAHPND).
  Una práctica común para el tratamiento de estas enfermedades es la aplicación de antibióticos, sin embargo, su uso indiscriminado representa un riesgo para la salud pública, lo que ha conllevado a la búsqueda de nuevas alternativas como la suplementación de antagonistas probióticas y/o el uso de compuestos orgánicos.
  La investigación tuvo como objetivo evaluar la capacidad probiótica de microorganismos nativos de Penaeus vannamei en sinergia con compuestos orgánicos. Para ello, se realizó el aislamiento y caracterización molecular de bacterias, posteriormente se evaluó su capacidad probiótica a través de ensayos de antagonismo in vitro mediante la técnica de discos de agar, enfrentados con cepas patógenas de Vibrio previamente identificadas.
  Los aislados que mostraron capacidad de inhibición fueron evaluados por la PCR, para detectar los genes relacionados a los péptidos antimicrobianos (AMP) logrando seleccionar una cepa (45) positiva para el gen surfactin y dos cepas (47 y 59) positivas para surfactin, bacylisin, bacyllomicin y fengycin. La cepa 45 mejoró la supervivencia del P. vannamei retado con vibrios (AHPND+) cuando fue inoculada, de forma individual y en combinación con el ácido orgánico 'ProtAcid'.
  Así se concluyó que el uso combinado de la bacteria y el ácido orgánico se propone como una estrategia profiláctica para disminuir el impacto por las infecciones de vibrios en el cultivo de langostino.   Asesoría científica, veraz y oportuna
Recordemos que el Instituto del Mar del Perú es un organismo técnico especializado adscrito al Ministerio de la Producción del país andino, cuyas funciones se orientan a la generación de conocimiento científico que le permiten al Estado peruano contar con una asesoría científica, veraz y oportuna para el aprovechamiento sostenible de los recursos vivos del mar y de sus aguas.
  Su ámbito de acción es el dominio marítimo y las aguas continentales nacionales, así como la alta mar, el ecosistema antártico y todo ámbito acuático donde existan intereses del Perú, incluyendo los fondos marinos, de conformidad con el derecho internacional. Fuente: Panorama Acuícola

Escuchando el fondo del estanque: Cómo la bioacústica puede transformar la gestión de la alimentación del camarón
 
Cría y Cultivo

12+ MIN

Escuchando el fondo del estanque: Cómo la bioacústica puede transformar la gestión de la alimentación del camarón  

A medida que el camarón blanco del Pacífico (Penaeus vannamei) consolida su importancia económica en la acuacultura, la intensificación de su cultivo pone de relieve un desafío fundamental: el monitoreo de animales bentónicos en estanques con alta turbidez. Dado que las microalgas y las comunidades bacterianas enturbian la columna de agua, el monitoreo visual del comportamiento alimenticio de los camarones se vuelve prácticamente imposible. Tradicionalmente, los productores dependen de la alimentación manual con la ayuda de bandejas sumergidas; un método que requiere una gran intensidad de mano de obra y que solo proporciona evaluaciones retrospectivas y tardías sobre el consumo de alimento.
  Esta falta de visibilidad en tiempo real conlleva graves riesgos económicos y ambientales. El alimento constituye el costo variable más elevado en la producción de camarones, representando entre el 50 y el 60 por ciento de los gastos operativos totales. La sobrealimentación compromete la rentabilidad y degrada rápidamente la calidad del agua a medida que los gránulos no consumidos se descomponen en el fondo del estanque, mientras que la subalimentación limita el crecimiento y prolonga los ciclos de producción.
  Para superar esta barrera de visibilidad, científicos y miembros de la industria han comenzado, literalmente, a 'escuchar' la actividad alimenticia de los camarones mediante la bioacústica –más específicamente, a través del 'Monitoreo Acústico Pasivo' (PAM, por sus siglas en inglés). A medida que los camarones se alimentan, sus mandíbulas chocan entre sí para fragmentar los gránulos, emitiendo unos distintivos 'clics' de alta frecuencia (Fig. 1). Los alimentadores acústicos 'bajo demanda' emplean hidrófonos submarinos de alta sensibilidad y algoritmos inteligentes para detectar estos sonidos en tiempo real. Este mecanismo permite que el sistema suministre de forma autónoma la cantidad exacta de alimento necesaria, precisamente en el momento en que los camarones manifiestan apetito, eliminando así eficazmente la necesidad de recurrir a conjeturas en la gestión de la alimentación. Para obtener información adicional sobre este tema, consulte las exhaustivas revisiones realizadas por Reis et al. (2022), y Peixoto y Soares (2025).   Fig. 1: Vista de la región bucal de P. vannamei, que muestra que el sonido de chasquido se genera durante el cierre de las mandíbulas (flechas).
Rendimiento superior en campo
La transición de la alimentación manual a la automatizada ha demostrado resultados notables en la gestión del alimento y la viabilidad económica de las operaciones camaroneras. Estudios emblemáticos que evaluaron el rendimiento zootécnico de los sistemas de alimentación acústica en el Centro de Maricultura Claude Peteet (CPMC) – la reconocida instalación de investigación de la Universidad de Auburn (AU) en Alabama, EE. UU. (Fig. 2) – revelaron que los camarones logran un mayor crecimiento en un periodo significativamente más corto en comparación con los métodos tradicionales de alimentación manual.

  Fig. 2: Vista aérea del Centro de Maricultura Claude Peteet (Alabama, EE. UU.), que muestra su extensa infraestructura de estanques acuícolas e instalaciones de investigación.
Al dispensar el alimento exclusivamente cuando existe una demanda biológica, los sistemas acústicos pasivos logran de manera consistente menores índices de conversión alimenticia (ICA/FCR), mayores tallas de cosecha y rendimientos generales sustancialmente superiores. Los ensayos han demostrado que estos sistemas inteligentes maximizan el potencial genético de crecimiento de la población de camarones, permitiendo a los productores alcanzar tallas comerciales de cosecha en ciclos de producción más compactos.
  Dado que el sistema se adapta al apetito de los animales en tiempo real, el aporte total de alimento puede incrementarse de forma segura sin incurrir en el desperdicio habitual de gránulos no consumidos. Esta eficiencia de precisión no solo minimiza las pérdidas económicas, sino que también protege activamente la calidad del agua al evitar la acumulación de alimento en descomposición en el fondo del estanque. No obstante, los acuacultores deben estar preparados para las consecuencias metabólicas de este crecimiento acelerado; la mayor carga biológica y las rápidas tasas de consumo exigen sistemas de aireación automatizados y robustos para gestionar eficazmente la mayor demanda de oxígeno del estanque.   Del campo al laboratorio
Con un éxito comprobado en granjas comerciales, la tecnología acústica está abriendo también nuevas fronteras en la investigación de laboratorio, ámbito en el que, de hecho, tuvo sus inicios hace más de una década con los primeros estudios sobre el mecanismo de emisión de sonido y las aplicaciones de la monitorización acústica pasiva (PAM) en el camarón tigre negro (Penaeus monodon). En los últimos años, el Laboratorio de Tecnología Acuícola de la Universidad Federal Rural de Pernambuco (UFRPE) y el Centro de Pesquerías E. W. Shell de la Universidad de Auburn (AU) se han posicionado como pioneros en el estudio de múltiples aplicaciones de la PAM para analizar el comportamiento alimenticio de P. vannamei bajo condiciones controladas de investigación.
  Gracias a esos investigadores, ahora tenemos acceso a información que no es proporcionada por la industria fabricante de comederos acústicos a demanda; tal es el caso del hecho de que los parámetros del sonido de clic pueden variar en función de las propiedades físicas del alimento, particularmente en el caso de dietas extrusionadas y peletizadas, y según el diámetro y la longitud de los pellets. Por ejemplo, los pellets de mayor longitud requieren un mayor esfuerzo mandibular y un número superior de clics para ser consumidos por completo, mientras que los alimentos de textura dura generan señales acústicas de mayor energía.
  Otra posible aplicación de la investigación de laboratorio en PAM (monitoreo acústico pasivo) consiste en probar diferentes formulaciones de alimentos (Fig. 3). En este caso, las respuestas acústicas pueden servir como un indicador indirecto inmediato para evaluar la palatabilidad del alimento, lo que permite preseleccionar las dietas antes de ser evaluadas en condiciones de cultivo. Por ejemplo, se ha sugerido que las dietas enriquecidas con atrayentes marinos – tales como el aceite de kril o el hidrolizado de pescado – desencadenan de manera sistemática emisiones de clics mucho más rápidas y de mayor duración que los alimentos basales estándar.
  Fig. 3: Montaje experimental para el monitoreo acústico. Un grabador de audio multicanal (detallado a la derecha) está conectado a hidrófonos individuales sumergidos en una serie de tanques de vidrio que contienen juveniles de camarón blanco del Pacífico. Esta configuración permite la captura continua y en tiempo real de los clics acústicos asociados a la alimentación bajo condiciones controladas de laboratorio.
Además del propio alimento, los datos acústicos revelan importantes cambios conductuales a lo largo de las etapas de vida y clases de tamaño de los camarones. Los camarones de mayor tamaño son notablemente más voraces, concentrando sus clics en una secuencia rápida durante los primeros minutos de alimentación, mientras que los camarones más pequeños consumen a un ritmo más constante y lento. Asimismo, dado que el volumen de clics y/o la energía acústica es directamente proporcional a la densidad de siembra de los camarones, los investigadores creen que los datos acústicos podrían calibrarse para estimar la población total en los estanques o detectar rápidamente eventos repentinos de mortalidad, añadiendo una capa crucial de bioseguridad a la operación.   El impacto de la temperatura del agua en la dinámica de alimentación
Junto con la formulación del alimento y las prácticas de manejo, investigaciones bioacústicas recientes revelan cómo los factores ambientales – particularmente la temperatura del agua— determinan el comportamiento alimenticio de los camarones. En un ensayo de laboratorio reciente, los investigadores evaluaron a juveniles de P. vannamei expuestos a un gradiente térmico que oscilaba entre 22,1 y 31,3 grados-C. Mediante el monitoreo de sus clics acústicos –capturados con un hidrófono y un grabador de audio –  así como de su consumo real de alimento durante periodos de alimentación de 30 minutos, el estudio logró capturar la respuesta metabólica de los animales en tiempo real.
  Los resultados revelaron que la temperatura no solo determina cuánto comen los camarones, sino también cómo lo hacen. Tal como se muestra en la Fig. 4, tanto la ingesta de alimento como la actividad acústica alcanzaron su punto máximo dentro del rango cálido óptimo (de 27,5 a 31,3 grados-C), pero disminuyeron significativamente bajo condiciones frías (22,1 y 24,1 grados-C).   Fig. 4: Respuestas conductuales y de consumo de alimento de los camarones en función de la temperatura. (A) Consumo total de alimento (g) y (B) número total de clics en 30 minutos; se observa una actividad de alimentación y una ingesta estadísticamente superiores a temperaturas más cálidas (27,5 a 31,3 grados-C) en comparación con las condiciones frías (22,1 grados-C). (C) El monitoreo temporal continuo de los clics por minuto a lo largo del periodo de 30 minutos revela patrones conductuales distintivos: una alimentación intensa y de alta frecuencia, seguida de un marcado descenso en aguas más cálidas (líneas rojas/naranjas), frente a un ritmo de alimentación suprimido y de bajo nivel en aguas más frías (líneas púrpuras/azules).
El monitoreo acústico continuo demostró que la temperatura modifica fundamentalmente el patrón temporal de alimentación. En aguas más cálidas, los camarones exhiben un estallido de alimentación rápido e intenso inmediatamente después del suministro de alimento, seguido de un marcado descenso en la tasa de clics a medida que alcanzan la saciedad. Por el contrario, en aguas más frías, este estallido está ausente, ya que los animales se alimentan a un ritmo mucho más bajo, más uniforme y suprimido a lo largo de todo el periodo.
  Estos datos refuerzan la idea de que la tecnología acústica no es solo una herramienta de distribución de alimento, sino un biosensor avanzado. Traduce activamente el estado metabólico y el confort térmico del animal en datos procesables, allanando el camino hacia sistemas de alimentación verdaderamente inteligentes y basados ​​en la demanda, que se adaptan a las condiciones ambientales cambiantes.   El impacto del oxígeno disuelto en el apetito
  Fig. 5: Ejemplos de camarones blancos del Pacífico juveniles – el organismo modelo utilizado para evaluar los impactos de la reducción del oxígeno disuelto en el comportamiento de alimentación acústica – monitoreados mediante un sensor de oxígeno disuelto.
Del mismo modo que la temperatura dicta el ritmo de alimentación, el oxígeno disuelto (OD) actúa como un factor limitante crítico para el apetito del camarón. Para cuantificar este impacto, los investigadores han utilizado la tecnología PAM para evaluar el comportamiento de alimentación de P. vannamei en cuatro concentraciones diferentes de OD: 5, 3, 2 y 1 mg por litro (Fig. 5). Esto les permitió comprender la dinámica real del agotamiento del oxígeno, simulando las caídas naturales de oxígeno en los estanques mediante la interrupción de la aireación.
  Los datos acústicos, junto con las métricas de ingesta de alimento, revelaron un umbral claro para el estrés hipóxico. El comportamiento de alimentación del camarón se mantuvo sorprendentemente resiliente, conservando una ingesta de alimento y unas tasas de clics acústicos estables desde el nivel óptimo de 5 mg/L hasta los 3 mg/L. Sin embargo, se produjo un cambio drástico en el comportamiento cuando el OD alcanzó los niveles de hipoxia severa de 2 y 1 mg/L; en este punto, tanto la intensidad de los clics acústicos como la ingesta total de alimento disminuyeron significativamente en comparación con el nivel de referencia (Fig. 6A, B).
  Además, el monitoreo continuo reveló cómo la hipoxia altera el patrón temporal de la alimentación (Fig. 6C). Bajo una aireación normal (5 mg/L), la frecuencia de clics del camarón se mantuvo estable a lo largo del periodo de alimentación. Por el contrario, bajo estrés hipóxico, los camarones exhibieron una estrategia completamente diferente: mostraron un pico inicial en la actividad de alimentación, seguido de una disminución rápida y pronunciada en la frecuencia de clics, a medida que las limitaciones metabólicas los obligaban a entrar en un modo de supresión para conservar energía.
  Esta drástica caída en la actividad acústica subraya cómo la hipoxia severa suprime fundamentalmente el impulso metabólico del camarón para alimentarse. Al utilizar la tecnología acústica como sensor en tiempo real, los productores pueden detectar estos cambios conductuales durante los episodios de bajo nivel de oxígeno. Esto permite tomar decisiones de gestión inmediatas y basadas en datos, tales como pausar la distribución automatizada del alimento cuando fallan los sistemas de aireación o cuando el OD (oxígeno disuelto) desciende a niveles peligrosos; lo cual, en última instancia, evita el desperdicio masivo de alimento y protege el fondo del estanque de un mayor deterioro.

  Fig. 6: Respuestas conductuales y de consumo de alimento en función de los niveles de oxígeno disuelto (OD) en camarones. (A) Consumo total de alimento (gramos) y (B) número total de clics en 30 minutos, lo que muestra una actividad de alimentación y una ingesta estables bajo niveles de oxígeno óptimos y moderados (de 5 a 3 mg/L), en comparación con una reducción significativa bajo condiciones de hipoxia severa (1 mg/L). (C) El monitoreo temporal continuo de los clics por minuto a lo largo del periodo de 30 minutos revela patrones conductuales diferenciados: una alimentación inicial intensa y de alta tasa, seguida de un descenso constante en aguas bien aireadas (líneas azul oscuro/azul claro), frente a un ritmo suprimido y de menor intensidad bajo condiciones de hipoxia más severa (líneas verde/púrpura).
Conclusión
La integración de la bioacústica en el cultivo de camarones representa una transición vital: de una gestión de la alimentación tradicional y reactiva, a un enfoque proactivo y basado en la precisión. Al transformar los sonidos de alimentación de los camarones en datos, el monitoreo acústico supera eficazmente los desafíos inherentes a las aguas de los estanques con alta turbidez. Esta tecnología no solo optimiza las tasas de crecimiento y reduce los costos económicos y ambientales asociados al desperdicio de alimento, sino que también actúa como un biosensor avanzado en tiempo real. Tal como demuestra su sensibilidad ante las fluctuaciones de temperatura y la disminución del oxígeno disuelto, el PAM permite a los productores detectar el estrés fisiológico y adaptar sus estrategias de gestión de manera instantánea. En resumen, el PAM protege la calidad del agua, maximiza la rentabilidad de la explotación y allana el camino hacia un futuro más sostenible e inteligente en la producción mundial de camarones. Por Fábio Costa Filho, M.S. Indira Medina Torres D. Allen Davis, Ph.D. Prof. Dr. Silvio Peixoto
Fuente: Global Seafood

Publicidad

260x430 260x95 260x95 260x95