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Las isoflavonas de soja pueden ser una herramienta de diferenciación sexual en algunos peces de acuicultura
 
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Las isoflavonas de soja pueden ser una herramienta de diferenciación sexual en algunos peces de acuicultura  

Controlar la proporción de machos y hembras puede tener interés productivo en especies de acuicultura donde existen diferencias de crecimiento, maduración o valor comercial entre ambos sexos. En este contexto, las isoflavonas de la soja, y especialmente la genisteína, están despertando interés por su capacidad para interactuar con las vías estrogénicas que intervienen durante la diferenciación sexual de los peces.
  La evidencia disponible muestra que pueden modificar el desarrollo gonadal, aunque el efecto depende fuertemente de la especie, la dosis y el momento de exposición.
  El caso mejor documentado es el de la anguila japonesa (Anguilla japonica). En un ensayo realizado durante la fase de diferenciación sexual, una dieta con 10 gramos de isoflavonas por kilogramo de pienso produjo un 91,6 % de hembras, mientras que con 50 gramos por kilogramo la proporción alcanzó el 96,6 %.
  En los animales no tratados predominaban claramente los machos. Los experimentos con los componentes individuales identificaron además a la genisteína como mucho más eficaz que la daidzeína y mostraron cambios en la expresión de genes asociados al desarrollo ovárico y testicular.
  La respuesta, sin embargo, no puede extrapolarse automáticamente a otros peces. En bagre de canal (Ictalurus punctatus), la genisteína también modificó la diferenciación sexual, pero provocó una mayor presencia de machos e individuos intersexuales.
  En esturión ruso (Acipenser gueldenstaedtii), por su parte, los tratamientos con fitoestrógenos tuvieron efectos mucho más limitados sobre la proporción final de sexos y algunos estuvieron asociados a alteraciones gonadales. Estos resultados muestran que las isoflavonas no constituyen simplemente un agente de feminización, sino compuestos capaces de interferir de manera diferente con los mecanismos que controlan el desarrollo sexual.
  Para la acuicultura mediterránea, una de las preguntas más interesantes se plantea en la lubina europea (Dicentrarchus labrax).
  Su determinación sexual depende de la interacción entre genética y ambiente, y factores como la temperatura durante las primeras etapas pueden modificar significativamente la proporción de machos y hembras.
  También está demostrado que la vía de los estrógenos participa directamente en la diferenciación femenina y que la genisteína es capaz de activar los tres receptores nucleares de estrógenos de la especie. Sin embargo, todavía no se ha probado que su incorporación al pienso durante la diferenciación sexual permita aumentar de manera controlada la proporción de hembras.
  En el lenguado senegalés (Solea senegalensis) también existen indicios de actividad biológica. Experimentos realizados durante las primeras fases de desarrollo han mostrado que la genisteína puede modificar temporalmente marcadores relacionados con la señalización estrogénica y tiroidea.
  Estos trabajos no estudiaron la proporción sexual y, por tanto, no permiten hablar de feminización, pero refuerzan la idea de que los fitoestrógenos presentes en ingredientes vegetales pueden interactuar con sistemas hormonales sensibles durante etapas tempranas del desarrollo.
  Las isoflavonas deben considerarse por ahora una herramienta experimental de diferenciación sexual y no una tecnología disponible para las granjas. Los resultados de la anguila demuestran que, al menos en determinadas especies, la alimentación puede utilizarse para dirigir el desarrollo sexual, pero los efectos encontrados en bagre y esturión advierten de que no existe una respuesta universal.
  En especies de interés mediterráneo como la lubina, el siguiente paso sería comprobar si una intervención nutricional durante la ventana adecuada puede generar poblaciones con una proporción sexual predecible y productivamente ventajosa, evaluando al mismo tiempo crecimiento, bienestar, estabilidad del efecto y posibles consecuencias reproductivas a largo plazo. Fuente: misPeces

Truchas que engordan un 56 % más: la edición genética que promete llevar la producción al mercado dos meses antes
 
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Truchas que engordan un 56 % más: la edición genética que promete llevar la producción al mercado dos meses antes  

Es marzo. Un productor de truchas en las montañas observa su estanque con la calculadora mental encendida. Los peces que sembró hace casi un año aún no alcanzan el peso de venta. Cada día adicional representa más alimento invertido, bombas funcionando ininterrumpidamente y personal alimentando a los animales cuatro veces al día. Él sabe, por la experiencia de cada campaña, que más de la mitad de sus costos operativos se destina a un solo rubro: el pienso. También es consciente de que, si esos peces lograran la talla comercial tan solo unas semanas antes, el margen de rentabilidad cambiaría radicalmente.
  Este truchicultor no es el único que hace estos cálculos. Es la realidad financiera que sustenta a toda la truchicultura mundial y representa el desafío exacto que un equipo de investigadores de la Universidad Atatürk, en Erzurum (Turquía), ha decidido resolver de raíz. Su enfoque no se basa en una nueva fórmula nutricional ni en un cambio de manejo acuícola, sino en una intervención directa en el código genético de la trucha arcoíris.   La miostatina: el freno genético en el crecimiento de la trucha
Para comprender la relevancia de este hallazgo, es preciso analizar un factor discreto pero determinante en el desarrollo animal: la miostatina. Cumple la función de un «freno genético» para el crecimiento muscular. Se trata de una proteína encargada, tanto en las truchas como en la gran mayoría de los vertebrados, de evitar que el tejido muscular se desarrolle de forma desmedida. No constituye un defecto, sino un mecanismo fisiológico de regulación que indica al organismo cuándo detener la síntesis muscular.
  Este fenómeno es bien conocido en el sector agropecuario bajo la denominación de «doble músculo». Determinadas razas bovinas, ovinas y avícolas nacen con este mecanismo inactivo de forma natural, lo que deriva en una musculatura sobresaliente. En la acuicultura, se ha observado un efecto similar al desactivar el gen de la miostatina en especies como la carpa común, el besugo, el bagre amarillo y la tilapia del Nilo, logrando un incremento significativo en su masa corporal.


Ante estos antecedentes, surge una interrogante clave: si este principio se conoce desde hace años, ¿por qué no se había logrado en la trucha hasta ahora?
  La respuesta radica en la complejidad biológica de la especie. La trucha arcoíris, al igual que otros salmónidos, posee un historial evolutivo particular marcado por dos duplicaciones genómicas completas (ocurridas hace aproximadamente 320 y 80 millones de años). A diferencia de los mamíferos, que poseen una sola copia del gen de la miostatina, la trucha cuenta con cuatro variantes: mstna1, mstna2, mstnb1 y mstnb2. Intervenir un gen en presencia de cuatro secuencias tan homólogas equivale a intentar cortar un cable específico dentro de un mazo con tres opciones casi idénticas; el riesgo de alterar la secuencia equivocada siempre estuvo presente. Debido a esta barrera técnica, la edición genética aplicada a los reguladores musculares de la trucha permaneció inexplorada durante años.   Por qué eligieron el gen que la ciencia había descartado
En este punto surge el aspecto más cautivador de la investigación: una decisión analítica que trasciende el frío dato estadístico.
  Históricamente, la investigación en acuicultura centró sus esfuerzos en la familia de genes mstna, dada su elevada expresión en el tejido muscular. Por el contrario, el grupo mstnb fue catalogado durante años como un regulador de origen cerebral, asociado al desarrollo neuronal y considerado ajeno al crecimiento corporal. Bajo esa premisa, el gen mstnb1 era el candidato idóneo para ser descartado.
  Sin embargo, el equipo de la Universidad Atatürk optó por desafiar este dogma. En lugar de respaldar esa clasificación previa, analizaron la arquitectura evolutiva comparando el mapa genético de la trucha con el de los mamíferos, los cuales preservan una sola copia funcional. Descubrieron que mstnb1 está flanqueado por los mismos genes contiguos que acompañan al gen muscular en la especie humana. Es decir, aunque presente cierta expresión en el sistema nervioso, su ubicación cromosómica revelaba un linaje directo con el regulador muscular ancestral.
  La clasificación original era incompleta. Aquella apuesta, fundamentada en el análisis genómico, demostró ser acertada y los resultados científicos terminaron dándoles la razón.   Los números que transforman la rentabilidad de una piscigranja
Un periodo de seguimiento de diez meses (de mayo de 2024 a marzo de 2025) ofreció un panorama revelador. Las truchas con el gen mstnb1 inactivado alcanzaron un peso promedio de 825 gramos, en comparación con los 464 gramos registrados por los ejemplares convencionales criados bajo condiciones idénticas. Esto representa un incremento del 56 % en la masa corporal.
  Sin embargo, el indicador que verdaderamente captará la atención del sector no es solo el peso final, sino la reducción del ciclo productivo. Las truchas modificadas registraron 254 gramos en diciembre de 2024, mientras que el grupo de control alcanzó esa misma cifra recién en febrero de 2025 (momento en el que los peces editados ya promediaban los 620 gramos). En términos operativos, la talla comercial se logra aproximadamente dos meses antes, lo que equivale a 60 días menos de consumo energético, mano de obra y, fundamentalmente, de alimento.
  Este último aspecto constituye el núcleo del hallazgo. Se podría asumir que un pez de mayor tamaño requiere una ingesta proporcionalmente superior sin aportar una ganancia real en eficiencia. Los datos demostraron lo contrario: la tasa de conversión alimenticia —la cantidad de alimento balanceado requerida para producir un kilo de carne— se situó en 0,93 para las truchas editadas y en 0,94 para las convencionales, un valor estadísticamente equivalente. Los ejemplares modificados mantuvieron una ventaja sostenida mes a mes, logrando un mayor crecimiento absoluto con la misma eficiencia metabólica.
  El impacto visual también es evidente. Las truchas editadas desarrollaron una morfología notablemente más robusta, con un incremento del 24 % en la altura corporal y un 27 % más de superficie lateral: la manifestación fenotípica del «doble músculo» aplicada a la piscicultura.   Las consideraciones técnicas y limitaciones de la investigación
Sería irresponsable —y los propios autores son rigurosos al respecto— presentar este avance como una solución comercial de implementación inmediata. Existen razones técnicas concretas que imponen cautela.
  En primer lugar, destaca la tasa de supervivencia. Del total de embriones intervenidos mediante CRISPR, solo el 23,5 % alcanzó la fase de alevinaje, en comparación con el 87,6 % registrado en el grupo de control. Esta elevada mortalidad responde a múltiples factores concurrentes: el estrés mecánico derivado de la microinyección en un ovocito frágil, la potencial citotoxicidad del complejo ribonucleoproteico introducido y el impacto de desactivar este gen en etapas embrionarias tempranas, momento en el que la miostatina participa en el desarrollo tisular. Este representa el tipo de desafío metodológico real que la biotecnología debe resolver antes de generar expectativas apresuradas.
  En segundo lugar, estos ejemplares corresponden a organismos mosaico de primera generación (F0). Es decir, no todas las células del pez presentan la misma modificación genética. Para consolidar una línea reproductiva estable, uniforme y transmisible —condición indispensable para la acuicultura industrial—, es preciso cruzar estos especímenes fundadores hasta fijar la mutación en las generaciones sucesivas (F1 y F2), un proceso aún en desarrollo.
  Por último, persiste una interrogante abierta que los investigadores abordan con transparencia: debido a que el gen mstnb1 también registra expresión en el tejido nervioso, resta evaluar mediante estudios histológicos detallados si su inactivación altera la conducta o el desarrollo neurológico a largo plazo. Aunque durante los 10 meses del ensayo no se identificaron anomalías del comportamiento, el análisis encefálico fino permanece como un cuestionamiento metodológico legítimo por completar.   Lo que este avance representa para el futuro de la producción acuícola
Volvamos a aquel piscicultor que contempla su estanque evaluando la estructura de costos de su producción. El alimento balanceado continuará representando entre el 50 % y el 60 % de sus gastos operativos; esa realidad no cambia. Sin embargo, contar con un pez que alcanza la talla comercial dos meses antes, conservando la misma tasa de conversión por kilo producido, constituye la palanca estratégica capaz de reestructurar el margen de rentabilidad de toda una campaña.
  Aunque este desarrollo aún no se encuentra disponible en el mercado —y el marco regulatorio para organismos derivados de la edición genética avanza a ritmos diversos según cada país—, la investigación de la Universidad Atatürk demuestra un principio que hasta ahora permanecía en el terreno teórico para los salmónidos: el regulador genético del crecimiento en la trucha puede inactivarse de forma dirigida, logrando ejemplares de mayor masa sin comprometer la eficiencia alimenticia. Para una industria acuícola altamente competitiva, esta evidencia científica aporta una certeza valiosa.
  Es probable que el productor de las montañas no disponga de estas truchas en su estanque la próxima temporada. Sin embargo, la posibilidad de proyectar campañas productivas dos meses más cortas ha dejado de ser una simple especulación teórica. Fuente: AQUAHOY

La selección genética genera progreso genético a largo plazo en la acuacultura de la dorada
 
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La selección genética genera progreso genético a largo plazo en la acuacultura de la dorada  

Científicos de Noruega y Grecia informaron recientemente sobre una investigación que cuantifica dos décadas de mejora genética en el crecimiento de la dorada (Sparus aurata), basándose en más de 20 años de datos (2002-2023) procedentes de un programa de cría comercial a gran escala y en curso en Grecia. El estudio ofrece la primera evidencia a largo plazo de un progreso genético sostenido en la especie, demostrando que una selección genética estructurada y cuidadosamente gestionada puede aportar ganancias continuas y de gran valor económico, preservando a la vez la integridad de la población y apoyando una producción acuícola más eficiente y sostenible.
  El estudio – realizado por Ingunn Thorland y varios colegas de Benchmark Genetics Norway SA (Noruega) y AVRAMAR Aquaculture SA (Grecia) – analizó cómo la selección familiar a largo plazo, combinada con una gestión cuidadosa de la consanguinidad y métodos estadísticos sólidos, puede generar una ganancia genética continua e integrar con éxito material genético externo. La profundidad y continuidad del conjunto de datos sientan también una base sólida para la transición hacia la selección genómica; se espera que esta mejore la precisión, permita aprovechar la variación intrafamiliar en rasgos de hermanos y respalde mejores decisiones de selección en un núcleo de cría que actualmente opera bajo condiciones de bioseguridad en instalaciones terrestres.
  'El estudio documenta una mejora genética del 76 % en el peso de cosecha de la dorada tras más de veinte años de selección genética; se trata de una de las evaluaciones a largo plazo más exhaustivas sobre el progreso genético jamás realizadas en una especie de acuacultura marina. El trabajo se basa en datos de casi 124.000 peces pertenecientes a 1.843 familias, producidos entre 2002 y 2023, y fue llevado a cabo por Benchmark Genetics en colaboración con AVRAMAR. Lo que lo hace destacable es el horizonte temporal: los conjuntos de datos a largo plazo de esta calidad son poco frecuentes en la acuacultura, y los resultados se obtuvieron en condiciones de cultivo comercial, manteniendo al mismo tiempo niveles bajos de consanguinidad y preservando la diversidad genética. Es un ejemplo sólido y basado en evidencias de lo que aporta una inversión sostenida en mejora genética,' afirmó Ingunn Thorland, responsable del programa de mejora genética del salmón en Benchmark Genetics Norway y autora de correspondencia del estudio.
  La dorada sigue siendo una de las especies clave de la acuacultura Mediterránea; sin embargo, han escaseado las evidencias sólidas a largo plazo sobre los resultados reales que puede ofrecer la selección genética. La industria acuícola mundial está en expansión y, en este contexto, la mejora genética se reconoce ampliamente como una de las vías más eficaces para lograr una mayor productividad, un mejor aprovechamiento de los recursos y un menor impacto ambiental.
  La dorada ocupa el tercer lugar entre los peces de aleta cultivados en Europa, por detrás del salmón del Atlántico y la trucha arcoíris; la mayor parte de la producción se concentra todavía en Grecia y Turquía, donde los peces suelen cosecharse con un peso de entre 300 y 450 gramos tras un periodo de 13 a 20 meses. Existe un interés creciente por tamaños mayores, de entre 800 gramos y 1 kg, pero la tasa de crecimiento sigue limitando la eficiencia y solo cerca de la mitad de la producción actual procede de poblaciones genéticamente mejoradas.
  Estudios anteriores habían registrado respuestas a la selección en cuanto al crecimiento de entre el 5 y el 22 por ciento por generación, con una media cercana al 14 por ciento. Lo que faltaba era un registro continuo que abarcara varias generaciones en condiciones comerciales. El análisis de tendencias genéticas basado en valores genéticos predichos a lo largo de las generaciones ofrece una forma fiable de cuantificar dicho progreso a largo plazo.
  El presente trabajo cubre ese vacío analizando los datos de peso a la cosecha del programa de cría de Avramar en Grecia durante todo el periodo comprendido entre 2002 y 2023. El conjunto de datos incluye 123.992 peces procedentes de 1.843 familias de hermanos completos, producidos en 22 lotes y que abarcan aproximadamente entre cinco y seis generaciones solapadas. Los parámetros y tendencias genéticas se estimaron mediante un modelo animal multigeneracional que incorporaba efectos de grupo genético para tener en cuenta la incorporación posterior de la población de Andromeda tras la fusión de Avramar, S.A. en 2020 con las empresas Nireus, Andromeda y Selonda.
  Los resultados muestran que la heredabilidad del peso a la cosecha fue moderada (0,35), un valor situado en el extremo superior de las estimaciones publicadas anteriormente para la dorada y especies marinas comparables. Los valores genéticos predichos aumentaron de forma constante hasta situarse 248 gramos por encima de la población base de 2002, lo que representa una ganancia genética acumulada del 76 por ciento. Esto equivale a una mejora anual media del 3,6 por ciento, o de aproximadamente el 15 por ciento por generación.
  Al mismo tiempo, el nivel medio de consanguinidad se mantuvo bajo, alcanzando solo el 1,3 por ciento en 2023 y aumentando a un ritmo del 0,39 por ciento por generación. Mantener tasas bajas de consanguinidad es fundamental ya que un elevado grado de parentesco puede reducir el rendimiento, la supervivencia y la capacidad de respuesta ante desafíos futuros. La combinación de un gran número de familias, contribuciones equilibradas de los progenitores e introducciones controladas de poblaciones externas permitió mantener bajo control el parentesco mientras se lograba progresar.
  El coautor Nikos Katribouzas en la piscifactoría de Avramar en Managouli (izquierda); Ingunn Thorland en una de las instalaciones de jaulas de Avramar en el oeste de Grecia (centro); y los coautores Kostas Tzokas y Adrian Antonsen en una de las instalaciones de jaulas de Avramar en el oeste de Grecia (derecha).   Las ganancias genéticas son evidentes en los datos de rendimiento comercial. El peso medio a la cosecha aumentó mientras que la edad promedio de recolección disminuyó, lo que confirma que los peces simplemente crecen más rápido en condiciones habituales de cultivo en jaulas, en lugar de permanecer más tiempo en ellas. Aunque no se pueden descartar por completo las interacciones genotipo-ambiente (G × E) – es decir, que los mismos genes pueden producir resultados diferentes según el entorno; por ejemplo, un pez crece bien en una granja pero mal en otra – la consistencia del rendimiento entre lotes y emplazamientos sugiere que el núcleo de selección captura gran parte de la variación ambiental propia de la acuacultura Mediterránea, en consonancia con la modesta interacción G × E observada en el crecimiento de otros peces marinos.
  En el periodo 2021-2022 se produjo un cambio estructural importante con la incorporación de un número considerable de reproductores procedentes del programa Andromeda. Al incluir grupos genéticos en el modelo de evaluación, el análisis evitó sesgos en la tendencia del valor genético y, de hecho, redujo la consanguinidad media tras la fusión. Este caso demuestra que es posible integrar con éxito material genético externo si se gestionan cuidadosamente la estructura del pedigrí y los métodos estadísticos.
  Para el sector del cultivo de dorada, estos resultados tienen un claro valor práctico. Un crecimiento más rápido acorta los ciclos de producción, reduce el tiempo de exposición de los peces a enfermedades y riesgos ambientales, y mejora la rentabilidad de las jaulas, el alimento y la mano de obra. Asimismo, una mejora en el crecimiento puede contribuir a reducir la huella ambiental por kilogramo de pescado producido. Dado que el progreso genético se ha manifestado de forma constante en diferentes emplazamientos y años, las granjas comerciales pueden confiar razonablemente en que las ganancias logradas en el núcleo de selección se replicarán en las condiciones habituales del Mediterráneo.
  Ese mismo conjunto de datos a largo plazo constituye ahora una base práctica para la siguiente fase de desarrollo. Con el núcleo de selección operando ya en instalaciones terrestres con medidas de bioseguridad y un registro continuo de pedigrí, el programa está bien posicionado para avanzar hacia la selección genómica; esto debería aumentar aún más la precisión y abrir la puerta a la mejora de otros caracteres, como la resistencia a enfermedades y la eficiencia alimentaria.
  Más de veinte años de selección familiar estructurada, respaldada por una gestión cuidadosa de la consanguinidad y herramientas estadísticas adecuadas, han logrado un progreso genético continuo y económicamente relevante en el crecimiento de la dorada, preservando al mismo tiempo la diversidad genética. Las pruebas confirman que este enfoque sigue siendo una de las vías más fiables para alcanzar una mayor productividad y sostenibilidad en el sector.
  'La profundidad y continuidad del conjunto de datos sientan una base sólida para avanzar hacia la selección genómica. Se espera que esto aumente la precisión, capture la variación intrafamiliar en los caracteres medidos en hermanos y respalde mejores decisiones de selección en un núcleo de cría que actualmente opera bajo condiciones de bioseguridad en instalaciones terrestres. En conjunto, los resultados confirman la eficacia a largo plazo del programa y proporcionan una base firme para la siguiente etapa de mejora genética en la acuacultura de la dorada Mediterránea,' concluyó el estudio. Fuente: Global Seafood

Por qué el langostino blanco puede cultivarse lejos del mar, pero no en cualquier agua
 
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Por qué el langostino blanco puede cultivarse lejos del mar, pero no en cualquier agua  

El langostino blanco (Penaeus vannamei) se ha convertido en una de las especies más versátiles de la acuicultura mundial. Su tolerancia ambiental, crecimiento rápido y fuerte demanda comercial han permitido que su cultivo se expanda más allá de las zonas costeras tradicionales hacia sistemas interiores de baja salinidad, apoyados en aguas subterráneas, aguas reutilizadas o mezclas salinas artificiales.
  Esta expansión abre oportunidades productivas en regiones semiáridas o alejadas del litoral, reduce la presión sobre ecosistemas costeros y permite diseñar sistemas con mayor control sanitario.
  Pero también introduce una dificultad técnica que no siempre se entiende bien: cultivar langostino lejos del mar no consiste simplemente en usar agua con poca sal.
  La baja salinidad puede ser viable, pero solo si el agua mantiene una composición química compatible con la fisiología del animal.
  En sistemas interiores, el problema no suele ser únicamente la cantidad total de sales, sino el desequilibrio entre iones esenciales como sodio, potasio, magnesio y calcio. Cuando estas relaciones no están bien ajustadas, el langostino debe dedicar más energía a regular su equilibrio interno, lo que puede traducirse en menor crecimiento, peor conversión alimenticia, más estrés y mayor sensibilidad frente a patógenos.   ¿Dónde están los límites productivos ideales?
La evidencia científica, recogida en un estudio publicado en Critical Insights in Aquaculture muestra que el langostino tropical vannamei, puede mostrar resultados en salinidades moderadas especialmente entre 5 y 15 ppt, siempre que la composición iónica del agua sea adecuada. Algunos estudios sitúan incluso alrededor de 17 ppt una zona próxima al óptimo fisiológico.
  En salinidades muy bajas, especialmente entre 0 y 3 ppt, el langostino gasta más energía en osmorregular y dispone de menos energía para crecer. Si no se corrigen los iones del agua y no se adapta la dieta, aumentan el estrés, los problemas de muda, la peor conversión alimenticia y la vulnerabilidad sanitaria.
  Por eso, las dietas diseñadas para estos sistemas de baja salinidad no pueden ser simples adaptaciones de piensos convencionales. Deben considerar mayores demandas energéticas, minerales, ácidos grasos esenciales y nutrientes que ayuden a sostener a los langostinos.   ¿Cómo se gestionan los sistemas RAS, BioRAS o biofloc de baja salinidad?
En sistemas RAS, BioRAS o biofloc de baja salinidad, la gestión no depende solo de filtrar o renovar agua, sino de mantener estable la calidad del agua, el equilibrio iónico, la microbiota, la alimentación y la carga orgánica.
  En baja salinidad, producción, salud animal y agua forman un mismo sistema. Para que el langostino crezca bien, hay que evitar picos de amonio y nitrito, controlar la carga orgánica, ajustar la dieta y mantener una matriz mineral adecuada.
  En RAS y BioRAS es clave controlar la recirculación, la retirada de sólidos, la biofiltración, el pH y la mineralización del agua, corrigiendo elementos como potasio, magnesio, calcio y fósforo.
  En biofloc, la prioridad es mantener una comunidad microbiana activa que transforme el nitrógeno, estabilice el sistema y aporte alimento complementario. Fuente: misPeces

Rereferncia científica
Gouveia, R. P., Pereira, J. da S., Anjos, R. Q. dos & Evangelista-Barreto, N. S. (2026). Global trends in inland low-salinity farming of Penaeus vannamei: bibliometric insight into production systems, physiology, and nutrition. Critical Insights in Aquaculture, 2:1, 2662226. DOI: 10.1080/29932181.2026.2662226.

Cómo medir si una tilapia es resiliente (y por qué eso puede transformar tu negocio acuícola)
 
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Cómo medir si una tilapia es resiliente (y por qué eso puede transformar tu negocio acuícola)  

Son las seis de la mañana en un estanque de cultivo de tilapias sin aireación en el norte de Malasia. El sol apenas sale y el oxígeno disuelto en el agua ya está en niveles críticamente bajos, como ocurre cada noche en miles de granjas de tilapia de pequeños productores en el Sudeste Asiático, África y América Latina. Algunos peces llevan horas comiendo menos de lo normal, moviéndose menos, redistribuyendo su energía hacia la simple tarea de sobrevivir al estrés. Cuando el sol calienta el agua y el oxígeno sube, parte de esos peces retoman su crecimiento casi como si nada hubiera pasado. Otros nunca lo recuperan del todo.


¿Qué diferencia a unos peces de otros? Hasta hace poco, la respuesta honesta era: no lo sabíamos con suficiente precisión para aprovecharlo en un programa de selección genética. Ahora, un nuevo estudio publicado en Scientific Reports por investigadores de la Universidad de Wageningen, WorldFish y el BRIN de Indonesia propone una herramienta prometedora para cambiar eso: medir la resiliencia de cada pez a partir de la consistencia de su curva de crecimiento individual a lo largo del tiempo.

  Los peces resilientes crecen de forma más constante
Antes de entrar en los hallazgos, vale la pena entender el problema que el estudio busca resolver. En acuicultura, la resiliencia se define como la capacidad de un animal para sobrellevar perturbaciones ambientales —fluctuaciones de oxígeno, temperatura, estrés de manejo, patógenos— y volver a su condición previa lo antes posible.
  Un pez resiliente no necesariamente crece más rápido en condiciones ideales. Lo que lo distingue es que su crecimiento fluctúa menos cuando las condiciones empeoran. Piensa en dos trabajadores: uno que produce exactamente lo mismo cada semana, llueva o truene, y otro que en las buenas semanas produce mucho pero en las malas semanas casi nada. A largo plazo, la consistencia del primero puede ser más valiosa que los picos del segundo.
  El indicador que propone el estudio se denomina LnVar (varianza logarítmica de las desviaciones del peso esperado). Básicamente, mide cuánto se desvía el peso real de cada pez respecto de su trayectoria de crecimiento esperada a lo largo del tiempo. Cuanto más bajo esté el LnVar, más constante ha sido el crecimiento del pez y más resiliente se considera.
  El aporte clave de este nuevo trabajo es calcular esa trayectoria esperada de forma individualizada —ajustando una curva de crecimiento propia para cada pez— en lugar de compararla con el promedio del grupo, como hacían estudios anteriores. Esta diferencia, que parece técnica, tiene implicaciones prácticas importantes.   El experimento: dos estanques, una misma familia de tilapias, resultados muy distintos
El experimento se realizó en el Centro de Extensión Acuícola del Departamento de Pesca de Malasia, utilizando la cepa GIFT (Tilapia de Cultivo Genéticamente Mejorada), que es el estándar de referencia mundial en mejora genética de tilapia para crecimiento.
  Los investigadores distribuyeron 1.570 peces en dos estanques de condiciones equivalentes en todo, excepto en una variable clave: uno tenía aireación activa (rueda de paletas y sopladores para mantener oxígeno normóxico constante) y el otro no tenía aireación, generando las fluctuaciones diurnas naturales de oxígeno disuelto típicas de los sistemas de pequeños productores.
  Los peces fueron pesados individualmente cinco veces a lo largo de 217 días: al momento de siembra, a los 55, 104, 167 días, y al momento de cosecha. Con esos cinco registros de peso por pez se ajustó la curva de crecimiento individual y se calculó el LnVar de cada animal.
  Los resultados revelaron algo que tiene implicaciones directas para los programas de mejora genética:   En el estanque sin aireación, la heredabilidad del indicador de resiliencia LnVar individual fue de 0,28. Eso significa que el 28% de la variación observada entre peces en su consistencia de crecimiento tiene base genética —es decir, se transmite de padres a hijos. Este valor es suficientemente alto como para responder a la selección artificial.
  En el estanque con aireación, esa heredabilidad cayó a apenas 0,06. Prácticamente indetectable estadísticamente.
  La interpretación es intuitiva: cuando el ambiente es estable y controlado, casi todos los peces crecen de forma relativamente consistente y las diferencias genéticas en resiliencia no tienen oportunidad de expresarse. Cuando el ambiente es desafiante —con hipoxia recurrente, como en los estanques sin aireación típicos de pequeños productores— las diferencias genéticas entre peces resilientes y no resilientes se vuelven visibles y medibles.   Seleccionar para crecer rápido también mejora la resiliencia
Una de las preguntas más importantes que los investigadores querían responder era si la resiliencia y el crecimiento son rasgos que «se pelean» entre sí genéticamente, o si van de la mano. La lógica del conflicto tiene sentido intuitivo: si un pez destina energía a tolerar el estrés, ¿no le queda menos para crecer?
  Los datos del estudio sugieren que, al menos en la cepa GIFT después de casi 20 generaciones de selección para crecimiento, las correlaciones genéticas entre el indicador de resiliencia y el crecimiento son negativas y moderadas (-0,44 a -0,68 dependiendo del ambiente y de la variable de crecimiento medida). En este contexto, una correlación negativa entre LnVar y crecimiento es favorable: significa que seleccionar peces que crecen más rápido tiende también a producir peces con crecimiento más consistente (menor LnVar, mayor resiliencia).
  Dicho de otra manera: en la cepa GIFT, décadas de selección para crecimiento han aparentemente ido acompañadas de una mejora indirecta en la resiliencia. No es que resiliencia y crecimiento sean lo mismo, pero parecen compartir genes que los llevan en la misma dirección.
  Esta es una buena noticia para los productores que trabajan con líneas mejoradas: el trabajo de selección que ya se está haciendo probablemente esté construyendo también una base genética de mayor tolerancia al estrés ambiental.   La complicación: el gen que funciona en un ambiente no funciona igual en el otro
Aquí el estudio entrega un mensaje más complejo y más importante para quienes diseñan programas de mejora genética. Los investigadores estimaron la correlación genética entre el mismo rasgo (LnVar) medido en los dos ambientes diferentes (estanque aireado vs. no aireado). Esta correlación fue de 0,50.
  ¿Qué significa ese número? En términos prácticos, una correlación genética de 1,0 entre dos ambientes significaría que exactamente los mismos genes que hacen resiliente a un pez en condiciones controladas lo hacen también resiliente en condiciones desafiantes. Una correlación de 0 significaría que son genéticamente rasgos completamente distintos. Un valor de 0,50 indica que hay una interacción genotipo-ambiente (GxE) sustancial: los mejores peces en un ambiente no son necesariamente los mejores en el otro.
  Para los programas de mejora genética, esto tiene una implicación directa: seleccionar tilapias para resiliencia en un núcleo de cría con aireación no garantizará que esa mejora se traslade completamente a los estanques sin aireación de los pequeños productores. Los ganadores genéticos en condiciones de laboratorio no siempre son los campeones en las condiciones reales del campo.
  La solución que propone el estudio es incorporar en los programas de selección registros de parientes que estén produciendo en ambientes sin aireación (el entorno más común para los pequeños productores en países en desarrollo). Al combinar los datos del núcleo controlado con información de primos o medio-hermanos en condiciones desafiantes, se puede mejorar la precisión de la selección y asegurar que los avances genéticos se traduzcan en beneficios reales en campo.
  Es la diferencia entre diseñar un auto en un túnel de viento perfecto sin probar cómo funciona en carreteras reales con baches, lluvia y polvo.   Por qué medir con la curva individual importa más de lo que parece
El estudio introduce una distinción técnica que merece un momento de atención porque tiene consecuencias prácticas concretas. El método anterior para calcular LnVar comparaba el peso de cada pez con el promedio del grupo (LnVar de cohorte). El nuevo método calcula LnVar comparando el peso de cada pez con su propia curva de crecimiento esperada ajustada individualmente.
  ¿Por qué importa esta diferencia? Imagina un estanque donde, durante dos semanas, hay una infestación de parásitos o una caída de temperatura que afecta a todos los peces por igual. Con el método de cohorte, si todos los peces reducen su crecimiento al mismo tiempo, ninguno «parece» desviarse del promedio del grupo. El evento estresante queda invisible en el indicador porque todo el grupo se movió juntos.
  Con el método individual, ese evento sí se detecta: el peso real de cada pez cae por debajo de lo que su propia trayectoria de crecimiento predecía, y esa desviación queda registrada en el LnVar individual.
  En términos técnicos, la heredabilidad del indicador individual (0,28 en el estanque sin aireación) fue más del doble que la del indicador de cohorte (0,12 en el mismo estanque). Eso significa que el método individual captura más variación genética genuina y, por tanto, es más útil para programas de selección.   Lo que viene: el papel del fenotipado automatizado
Hay una limitación práctica importante que el propio estudio reconoce: calcular el LnVar individual requiere pesar cada pez individualmente en múltiples momentos durante el ciclo de producción. En la práctica comercial actual, eso implica capturar, sedar y pesar a mano a cientos o miles de peces varias veces en el ciclo. Es costoso, estresante para los animales y logísticamente complejo.
  Sin embargo, los autores del estudio señalan que esto está cambiando. El fenotipado automatizado —el uso de cámaras, inteligencia artificial y sistemas de visión computacional para estimar el peso de los peces sin manipularlos— está avanzando rápidamente en acuicultura. Ya existe tecnología funcionando en salmón, tilapia, bagre, dorada y otras especies. Un sistema automatizado que pese o estime el peso de los peces de forma no invasiva varias veces durante el ciclo productivo podría hacer que el cálculo de LnVar sea rutinario y económicamente viable a escala comercial.
  El futuro que describe el estudio es uno donde los programas de mejora genética incluyen la resiliencia —medida con LnVar individual— como un rasgo de selección estándar, no solo el crecimiento o la supervivencia. Y donde los pequeños productores de tilapia que trabajan sin aireación en Nigeria, Bangladesh, Perú o Indonesia se benefician de líneas genéticas que no solo crecen bien en condiciones controladas, sino que también mantienen su crecimiento cuando el oxígeno baja a las tres de la mañana y el estrés ambiental llega sin avisar.   De vuelta al estanque de Malasia
Volvemos a ese estanque sin aireación al amanecer. Los peces que la ciencia ahora puede identificar —los que crecen de forma más constante a pesar de las fluctuaciones de oxígeno, los que no sacrifican semanas enteras de crecimiento cada vez que el ambiente se complica— son exactamente los que necesitan los pequeños productores de tilapia en el mundo en desarrollo.
  Lo que este estudio ofrece no es una solución lista para usar mañana. Es algo quizás más valioso: una prueba de concepto robusta de que la resiliencia en tilapia tiene una base genética real, medible y lo suficientemente heredable como para responder a la selección. Los mismos genes que hacen crecer rápido a un pez en la cepa GIFT también tienden a hacerlo más consistente. Y que el camino para llevar esa mejora a los estanques sin aireación pasa por incluir información de esos entornos desafiantes en los programas de selección, no solo ignorarlos porque son difíciles de controlar.
  Para los piscicultores, esto se traduce en una pregunta concreta que valdría la pena hacerles a quienes les proveen alevines: ¿Sus líneas genéticas fueron seleccionadas solo bajo condiciones controladas, o también bajo condiciones que se parecen a las de mi granja? Fuente: AQUAHOY

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